destinos posibles de una línea

Tomo un bolígrafo y una hoja y me distraigo mientras dejo que la mano se mueva a su antojo, casi como un remedo de los ejercicios de los surrealistas. La tinta fluye sobre el papel y puede tomar uno de dos o tres caminos que, en general, se excluyen mutuamente. Puede convertirse en escritura (con o sin sentido, buena o mala, comprensible o no) y entonces, tal vez, será leída por alguien (Hay una escritura asémica, como la que practicaba Henri Michaux, pero en general, una idea o una palabra o incluso un solo sonido identificable son suficientes para que la huella de tinta sea parte del lenguaje). Otro camino es el del garabato, el dibujo que no llega a serlo, el atisbo de puntos y rayas que puede convertirse en un borrador o en una mancha sin sentido y que en mi caso particular solo será lo segundo, ya que carezco del mínimo talento para el dibujo.

Pudiera también construir un diagrama: trayectorias que están más del lado de la mirada, del examen asombrado, de la observación meticulosa. Un diagrama puede ser un arreglo bidimensional de ordenes precisas para construir una casa, un objeto, una máquina y por eso mismo, es él mismo una máquina en la que todas sus partes y estados posibles se presentan simultáneamente. Esta última afirmación es cada día menos cierta, en la medida en que los planos, los blueprints, son sustituidos por objetos multimediales que evaden la instantaneidad del diagrama mediante el movimiento real o imaginario de puntos que se encienden y apagan en una pantalla. Mis diagramas, sin embargo, son máquinas abstractas e intransitivas: no servirán de guía en la construcción de cosas sino, en el mejor de los casos, serán semillas de otros diagramas.

Ahora contemplo la obra enigmática y a la vez inspiradora de Robert Strati, artista norteamericano que crea mundos cuya veracidad no puede ser discernida a priori, dado el nivel de detalle, coherencia y resonancia con varias dimensiones de lo real, es decir, que se presentan ante todo como una interrogante, que es después de todo el destino de toda creación.

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Diagrama de Robert Strati.

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alienación y reapropiación

(dedicado a mi amigo Vicente Pontillo)

Cedemos a las máquinas (el automóvil es una máquina, el estado también) nuestras potencias humanas y así nos hacemos más humanos, contradictoria y paradójicamente. Creamos extensiones del cuerpo y de la mente para producir las condiciones de vida que nos permitirán continuar este desarrollo, que durante mucho tiempo pensamos que no tenía fin. Hemos inventado máquinas abstractas (como el álgebra o el software) en las que descargamos parte del esfuerzo intelectual que nos es propio – para que deje de serlo. Los antropólogos hablan de “extensiones” del cuerpo y de la mente. Hegeliano como soy, prefiero hablar de exteriorización (alienación) del espíritu humano (con minúsculas). La alienación es parte fundamental del desarrollo: en su punto máximo, obliga al espíritu a reconocerse en sus productos, a reapropiarse de ellos, a someterlos a su control. Es como la escalera de Wiettgenstein, que una vez usada para subir puede ser desechada. Hegel, claro está, no conoció el desarrollo industrial del Siglo XX ni su inconmensurable maquinaria de guerra (difícil de imaginar en el XXI). En cierta manera modesto (hoy diríamos: provinciano) imaginó que el estado prusiano era la culminación de la Historia. No es ninguna novedad decir que el Estado Moderno, las máquinas de destrucción, una parte importante de la ciencia y la tecnología, el lenguaje mismo y la comunicación son poderes que no solo no nos pertenecen, que no controlamos en absoluto, sino que nos amenazan con aplastarnos, en diversos sentidos. El gran desafío del presente, aquel del que depende la supervivencia no ya del Espíritu (ahora en mayúsculas) sino de la propia vida humana, es la urgencia de someter al control humano los productos de su trabajo. Sabemos que una apropiación total (es decir, la emancipación humana total) no es posible. Hemos creado monstruos que no pueden ser completamente dominados sino, tal vez, solo domesticados. Guiados con cautela. Se trata de la tarea democrática colectiva más importante del genero humano desde su aparición sobre la tierra.

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Pintura realizada por el robot E-David. Ver artículo (en inglés) aquí. (vía Wired.com)

los afectos de la juventud

Cornelius Castoriadis habla sobre la democracia, y es registrado por Chris Marker. He aquí el poder de las “redes sociales”, que un usuario de youtube a quien no conozco (alhabbo) pone al alcance de mis ojos y mis oídos las palabras de uno de los grandes pensadores del siglo XX, registradas por el mayor cineasta de todos los tiempos, Chris Marker. Las redes, que casi son rizomas (en el sentido deleuziano) me acercan a dos de mis afectos más intensos, el autor de Sin Sol, La Jetee, Cartas de Siberia que de alguna manera formaron mi manera de entender el cine, y el filósofo que me abrió las puertas del pensamiento cuando el marxismo anquilosado se empeñaba en cerrármelas. Afectos de mi juventud, de mis años de búsqueda y confusión, hoy brillan en mi imaginación como señales solidarias que apuntan a la salida del túnel. Cualquier discrepancia, cualquier cosa que hoy pueda reclamar a estos dos titanes nunca disminuirá mi devoción por ellos, por cierto, el único objeto de devoción que conozco fuera de la belleza y el pensamiento: la lucidez.

¿Qué es el cine?

La pregunta parece inútil: todos sabemos o creemos saber la respuesta. Por otra parte, desde Bazin y Epstein hasta Deleuze, Lacan y la intelectualidad en pleno, sin dejar de lado a los propios cineastas, han elaborado definiciones desde todas las perspectivas imaginables. Tal vez por eso deba preguntar mejor: ¿qué es, para mí, el cine? No he encontrado una respuesta satisfactoria y estable. Por estable quiero decir que funcione en todos los casos. A veces creo que lo logro cuando recuerdo o mejor aun, veo, una película que me hace cambiar de parecer. Pero como la mente humana requiere de algunas certidumbres, aun si estamos conscientes de que estas son temporales y frágiles, me respondo por ahora no con un concepto o una serie de palabras, sino con el mismo cine. Este documental Bajo la Nieve de Ulrike Ottinger (que lamentablemente no tiene subtítulos) representa para mi todo eso que no sé decir con claridad.