Cuando te ordenan desobedecer

Hace unos días vi en la televisión la película Steve Jobs. La vi completa, aunque me disgustó cada segundo de las dos horas que dura una película con todas sus interrupciones comerciales: quería ver hasta donde llegaba la simplicidad del guionista. Me gustan los productos Apple (el iPad cambió la manera en que leo y tomo notas) y admiro el talento de ingeniero de Jobs. Pero la exaltación hagiográfica y el insoportable melodrama de la película no solo no nos ayudan a entender a esta generación talentosa y afortunada sino que oscurecen el verdadero sentido del capitalismo contemporáneo. Desde hace más de dos décadas la prensa exalta la figura de los adolescentes caprichosos que se hicieron millonarios con sus innovaciones tecnológicas. Parece que detrás de este “éxito” no hay otra cosa que talento y audacia, y hasta una dosis de transgresión. La verdad es que si fuera por talento, audacia y transgresión, los habitantes de La Entrada o de Catia deberían ser millonarios, ya que día a día resuelven problemas mucho más difíciles y complejos que el diseño de una interface gráfica (con todo respeto). Parece que el trabajo acumulado de generaciones de ingenieros, obreros y técnicos no tuvo nada que ver con las genialidades de estos muchachos, por no hablar de los millones de trabajadores chinos e indios que sobreviven con céntimos de dólar al día y que hacen posible la industria y el consumo de los dispositivos electrónicos y del “software” actuales. Steve Jobs es tal vez el representante más notorio (junto a Bill Gates, Mark Zuckerman y una larga lista de nombres menos conocidos) de estos adolescentes adorados por los medios y por la juventud. Son un modelo a seguir porque jamás cuestionaron nada fundamental y cuando se enfrentaron con las injusticias del mundo que ellos ayudan a sostener, optaron por la moralización (“no hagas mal” es el lema de Google, la empresa que entrega los datos confidenciales de los luchadores sociales a los gobiernos represivos que se los piden) o por la caridad, esa forma tan deleznable de la opresión de los ricos sobre los pobres. Jobs, como Gates, como Page, está marcado por los mismos mitos y representa la misma constelación de valores, lugares comunes y mentiras de una industria que explota a los trabajadores norteamericanos y chinos sin misericordia. Qué lástima que la juventud no conoce a Alan Turing o Ada Lovelace, cuyas contribuciones fueron muchísimo más importantes! Supongo que no se puede hacer una película inspiradora sobre personajes incómodos, al menos una película honesta. Puse antes la palabra transgresión entre comillas, porque se trata de un falsa transgresión. Cuando los millonarios dicen “rompe las reglas”, “sigue tu propio camino” y esas bobadas que repiten en IESA y las escuelas de negocios, no están diciendo que rompas las reglas del capitalismo, de lo establecido, de lo imperante. Están diciendo que rompas con todos los prejuicios y temores que te impiden pasar por encima de los demás.Steve-Jobs-MITM-Poster.jpg