Aprender a ver

Hay algo de autoritario e insoportable en la consigna según la cual tenemos que “aprender a ver”, porque queda implícita la idea de que hay alguien que sabe ver, ese que supuestamente nos va a enseñar y a sacar del error. Nada de eso. Ver no es una habilidad que se adquiere, como andar en bicicleta o el uso de una máquina de coser; es una actividad permanente e imprescindible para la vida, como respirar, como (hacer) circular la sangre por el cuerpo. El trabajo de Ulrike Ottinger, inclasificable, revolucionario y conversador a un mismo tiempo, es la obra de alguien que ve y que nos muestra el acto de ver.

 

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