Lo que Lacan jamás imaginó

Niña con muñeca que tiene su mismo rostro. 

En el sitio de Internet de MyTwinn, usted puede adquirir un muñeco con el rostro de su hijo o hija, con el suyo propio, con el de un amigo. El proceso es muy simple, más simple de lo que uno puede imaginar. Se selecciona el modelo de muñeco, se “carga” una foto desde nuestro computador a MyTwinn, y en pocos minutos el pequeño monstruo está listo para ser comprado. No podemos saber que hubieran escrito los románticos alemanes, tan fascinados por el doppelganger (el otro yo, la sombra, el doble) del que se alimentó toda una literatura por casi un siglo, y gran parte del cine de horror de décadas recientes. No sabemos ni nos atrevemos a sospechar qué pensaría Lacan, cómo escribiría su “etapa del espejo” para una generación que crece reconociéndose en un juguete, qué maravillosas elucubraciones saldrían de toda una generación de pensadores de la imagen, la representación, la identidad, es decir, de los veinte últimos años de la filosofía occidental. Nos conformamos con hacer notar esta singularidad del “comercio electrónico”, esta horrible posibilidad al alcance de todos, este insignificante (por ahora) peldaño hacia la desaparición de la frontera entre sujetos y mercancía, este pequeño triunfo, en el alma del niño, de los mecanismos de dominación.

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Volvemos

Madres de Plaza de Mayo 

Varios días de abandono ha sufrido este, mi blog, culpa de las ocupaciones, de las ilusiones que no cristalizan, de la incapacidad de poner en palabras lo que uno siente, en fin, de todo eso que de tanto abrumarnos se convierte en la vida. El mundo sigue, a pesar de nosotros, o tal vez porque nosotros lo hacemos que siga, sin darnos cuenta, o simplemente porque su naturaleza es seguir. Recomienzo hoy, con la misma desesperanza a punto de quebrase, un día de estos, por esos repentinos “ataques de cordura” que sufren los demás y que, sin quererlo, nos muestran que de verdad otra cosa (iba a decir otro mundo, pero de repente sonó ambicioso) es posible. Es una broma, claro: “los demás” es una fórmula retórica cómoda para desplazar responsabilidades, para negarse a ser protagonista, para permanecer en el ámbito de la palabra. “Los demás somos todos”, quisiera decir, pero me horroriza la idea de que me arrimen a aquellos salvajes que abusaron de lo que fue una vez una consigna libertaria. En fin, que sigo aquí, desde múltiples lugares (este es solo el de la palabra en
la Red), rompiendo olas, nadando contra la corriente, buscando esa mirada objetiva que pueda significar algo para alguien, consciente de las limitaciones, de las fallas, de lo que sabemos con certeza que no llegará, pero que vale la pena buscar, propiciar, invocar y hasta soñar y pelear por ello. Aunque no lo crean, yo me entiendo.