Tu muñeca será lo que quiera (o la imaginación bastarda)

Un comercial de Barbie nos dice que las niñas que juegan con la muñeca pueden ser lo que ellas quieran, desde veterinarias hasta coachs de un equipo de fútbol y por supuesto, profesoras de neurología, o algo así (veo el comercial sin sonido porque es de noche y mi esposa duerme a mi lado). Parece muy “emancipador”, muy contrario a la idea de que la industria de la felicidad infantil no es sino una máquina de fabricar consumidores idiotas. Pero este simpático comercial, diseñado para que los padres articulen ese inimitable “que bello!” que solo la clase media puede pronunciar con el encanto debido, no solo no es ningún intento por hacer algo diferente, no es un estímulo a la diferencia y la creación independiente sino, por el contrario, la ratificación más cínica de su papel en la cadena de la mercancía. Lo que nos demuestra una vez más, si hacía falta, que un discurso no es emancipador en sí mismo sino dependiendo de las fuerzas y los afectos que moviliza. (Ver comercial aquí).

Jeanne Mammen (1896-1976), sin título