Este Blog toma su nombre de un cuento que mi padre escribió en uno de sus cuadernitos de dibujos, notas y sueños, en octubre de 1986.

El subtítulo es alusión (irónica?)  a la frase de Arquíloco sobre el zorro y el erizo.

EL CARACOL DE ESPEJOS, Octavio Cerceau

Un poco más allá de la Polinesia, y un poco más acá del Paraíso, está la isla llamada Kru.

Mora en ella, escondido entre las raíces de las azoleas, un caracol que por fuera es caracol, y es de maní, y su espiral es una espiral de Sici.

Por dentro, se sospecha que es de espejo, pero nunca ha llegado a saberse con certeza, porque cuando se siente observado, el caracol se destruye a sí mismo.

El caracol que habita esta casa-de-un-solo-cuarto, infinitamente replegada sobre ella por las infinitas reflexiones, tiene un cuerno más largo que el otro, y que no le sirve para ver, sino para oir radio.

Desde su ventana al jardin, Bettina Setti llamaba a estos caracoles dando un silbido.

Ellos acudían, lenta y solemnemente, para recibir la bendición del mediodía (único momento en que se les puede ver). Su marcha mostraba que eran conscientes de su único y múltiple cuarto, que eso era su casa.

En Kru, la luz – del sol o de la luna – cae siempre a plomo, y así nadie supo si a esa hora los caracoles tenían sombra.

Bettina murió en 1533.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s