Ciertamente, vivimos en tiempos oscuros. Parece cada día más difícil pensar en aquellos que aun no han nacido y a quienes el poeta pidió una vez que pensaran en nosotros con indulgencia. Cada vez tenemos menos excusas, es decir, menos derecho a que nos miren con misericordia, que recuerden nuestra vida y nuestras obras como nosotros recordamos las de quienes nos antecedieron. Es un arrebato de pesimismo, temporal, superficial, sin consecuencias: ya lo sé. Después de todo, para nosotros también aveces ha sido más fácil cambiar de país que de zapatos y el rostro se nos ha deformado de tanto sufrimiento, propio o ajeno. Pero basta de esta paráfrasis consoladora. Escucha la voz del poeta, que es lo que importa, la persistencia de su voz, la posibilidad de conmovernos más allá de la vida y del tiempo. ¿No es eso, acaso, una esperanza?

Dibujo de Kathe Kollwitz

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