La memoria y el alma tienen sus caminos secretos hacia lo que perdemos.  Cualquier imagen que nos evoque a un ser amado que se ha ido, que le devuelva la vida, aunque sea por un momento, puede ser un consuelo, no importa cuan ilusorio o efímero. Nadie puede juzgar cómo cada quien elige combatir la asimetría fundamental en la que se basa la muerte. Pero hay algo de perverso en quienes aprenden a explotar esa ilusión necesaria y generosa de las imágenes. La escultura en arcilla de un bebé muerto tal vez sirva de consuelo a sus padres dolientes, pero al mismo tiempo nos muestra cuan degradada está la conciencia de quienes confunden la ilusión de la representación con la del engaño y en última instancia, los recursos del alma que se encuentran en lucha permanente contra la muerte con aquellos propios de los mecanismos de la muerte.

bebe_arcilla.jpg

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